martes, 27 de abril de 2010

Terremoto


Algunas consideraciones sobre el Terremoto acaecido en Chile el 27 de febrero del 2010: No es posible

Pese a que el país aún se encuentra en una etapa de subdesarrollo, aunque con intenciones y posibilidades ciertas de alcanzar el desarrollo pronto, no es posible que:
• No tengamos una institucionalidad sismológica de primer nivel mundial. No podemos depender de lo que informe la institucionalidad estadounidense al respecto. Considerando que gran parte de nuestro territorio es altamente sísmico, debemos ser autónomos y líderes mundiales en el estudio de este tipo de fenómenos.
• Ante una catástrofe como ésta el país quede incomunicado, en términos viales y, sobretodo, en el ámbito de las telecomunicaciones. Es tolerable que por algunas horas, e incluso por algunos días, el ciudadano común y corriente tenga problemas para emplear efectivamente las telecomunicaciones habituales, como teléfonos móviles o teléfonos fijos. Sin embargo, el Aparato Estatal, desde los municipios hasta el Gobierno Central (sin mencionar instancias intermedias o pertenecientes a los Poderes Legislativos o Judicial) no puede, bajo ninguna circunstancia y en ningún momento, quedar incomunicado. Una parte ínfima del abultado Presupuesto de Defensa debería destinarse a equipar a todo tipo de unidades de las Fuerzas Armadas, por pequeñas que sean, con todas las alternativas de telecomunicaciones disponibles hoy en día, desde las más simples hasta las más sofisticadas. Por supuesto, éstos medios en casos de emergencia, como un terremoto o una inundación, deben estar a disposición de las autoridades civiles de cada lugar.
• Las Fuerzas Armadas y de Orden tengan una capacidad de reacción tan lenta. Si bien la misión principal de nuestras Fuerzas Armadas es resguardar la soberanía nacional, mediante la disuasión, en el hipotético caso (que lamentablemente no es del todo descartable) de que lo que hubiera remecido al país no hubiera sido un terremoto, sino un conflicto bélico de carácter sorpresivo centrado, en primer lugar, en inhabilitar las telecomunicaciones, no nos habría servido de nada una numerosa flota de F – 16 destruidos antes de despegar. De hecho, lo anterior genera dudas acerca del verdadero impacto que produce la mencionada misión de disuasión de estas instituciones sobre otros países.

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